Apenas pongo un pie fuera del ostentoso edificio camino hacie el puesto del señor Alvaro, para que me prepare mis perros calientes, para después encerrarme como todos los días en mi habitación.
— Dos perros calientes.— Ordeno cuando llego al pequeño tráiler de la esquina, hay varios comensales antes, por lo que me pongo a revisar las redes sociales, donde publica mi madre la vida perfecta que en apariencias llevan, sin incluirme a mí por supuesto, ya que soy el cordero que ellos sacrificaron p