Después de una horrible noche, Mariana yacía destrozada sobre la cama, llorando desconsoladamente. Su cuerpo estaba cubierto de moretones y su alma estaba llena de dolor. Pensaba en James y cómo había sido capaz de dejarla con ese monstruo.
De repente, la puerta se abrió y James ingresó a la habitación. Mariana se cubrió la cara con las manos, incapaz de mirarlo.
—No me toques —dijo, su voz temblorosa—. No me toques nunca más.
James se acercó a ella, intentando abrazarla, pero Mariana se apartó