Ella se sienta enfrente de él, con una sonrisa enigmática en su rostro.
—No me invitas a un trago? —pregunta.
—Claro que sí, pero necesito que me digas qué es lo que haces aquí —responde él, con los brazos cruzados y una expresión seria.
Ella se ríe con una risa ligera y seductora, inclinando la cabeza hacia un lado.
—Tú siempre tan directo.
—Hay cosas que jamás se pierden —dice con una sonrisa sarcástica.
—Como el amor que me tenías —comenta ella, con una mirada intensa.
Él se ríe con desdén,