Nikolai y su tío se enfrentan en la oficina, rodeados de libros y documentos. La atmósfera es tensa y formal.
—No entiendo qué es lo que trata de decirme, Nikolai —dice el tío, su voz ligeramente elevada—. Siempre te he considerado un hombre directo. Háblame claro, por favor.
Nikolai se cruza de brazos, su rostro serio y determinado.
—Está bien, me parece bien que hablemos sin caretas —dice—. Es hora de que nos quitemos las máscaras.
El tío frunce el ceño, su expresión cambiando a una de curios