Mundo ficciónIniciar sesiónEl GPS marcaba dieciocho minutos hasta las coordenadas que Valentina había enviado. Victoria observaba la pantalla del teléfono con una mezcla de terror y determinación que le apretaba las costillas como un puño cerrado. Las cifras parpadeaban en azul contra el fondo negro: una dirección en la zona industrial abandonada del norte de Monterrey, donde las fábricas cerradas se alzaban como esqueletos de concreto contra el cielo nocturno.
—No vas sola —la voz de Alejandro cortó el silencio







