Mundo ficciónIniciar sesiónEl aire nocturno llevaba el sabor metálico de la destrucción y el humo acre que se alzaba desde los escombros de la capilla de Santa Ana. Victoria ajustó su agarre sobre Luna mientras observaba cómo los bomberos dirigían sus linternas hacia el montículo de piedra caliza y vigas retorcidas que una hora antes había sido un edificio centenario. Mateo dormía contra su pecho, ajeno al caos que los rodeaba, sus pequeños pulmones llenándose del aire fresco de la madrugada por primera vez en semanas.
—¿Hay sobrevivientes ahí abajo? —preguntó al capitán de bomberos, un hombre robusto cuyo rostro llevaba las marcas del hollín y la fatiga.
El hombre negó con la cabeza, limpiándose las manos en su uniforme amarillo.
—Imposible, señora. El colapso fue total. Las vigas de acero se doblaron como papel. Si alguien quedó atr







