Capítulo 26

El vuelo, de más de nueve horas desde la capital del país sudamericano hasta la entrada a Europa, estuvo sin contratiempos. Con uno que otro coqueteo con la hermosa y rubia aeromoza de a bordo por parte de Alexander Defilippis, quien no perdía el tiempo para tirar lances a cualquiera que se le atravesase, especialmente si era hermosa y por lo general, con ese ego gigante que lo acompañaba, algo muy extraño en un argentino y quien, por lo general, cuál

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