Capítulo 32:
Instintos Maternales
Punto de vista de Tanya
Tres días. ¿O fueron cuatro? El tiempo se había vuelto insignificante en esta prisión de piedra donde la oscuridad y la tenue luz de las antorchas eran mis únicos compañeros. Había intentado contar las comidas que traían —dos veces al día, pan duro y sopa aguada—, pero había perdido la cuenta, entre la desesperación y la determinación.
Lo que no había perdido era a mi bebé.
Me puse la mano en el vientre, sintiendo el tranquilizador alete