Apenas puse un pie en tierra, una sensación de terror me envolvió, como si el suelo mismo estuviera maldito. El aire se volvió pesado, sofocante, y una oleada de pánico recorrió mi cuerpo, dejándome en shock. La voz de Eirik resonó en la lejanía, pero no podía identificar qué me quería decir.
Miré frenéticamente de un lado a otro, tratando de localizar el origen de mi malestar, cuando de la nada emergieron cientos de lobos, sus ojos brillando con ferocidad.
El tiempo pareció detenerse por un in