Los días pasaron, y nosotros seguimos recorriendo aldea por aldea; Ivar estaba dispuesto a gobernar todo este territorio, y por cómo iban las cosas, muy pronto lograría su cometido.
Después de esa pelea, él se alejó un poco de mí, lo cual agradecí en el alma; su sola presencia me daba asco, y siendo sincera, un poco de miedo también.
Miré a Knut que estaba dentro de la habitación en la cual me encontraba. Él se había convertido en la mano derecha de Ivar, algo que no me sorprendía en lo más mín