Desperté en un hermoso bosque lleno de flores, la brisa fresca golpeaba mi rostro. Caminé por el bosque maravillándome de lo hermoso que era. A lo lejos pude divisar la figura de alguien, así que caminé hacia ella.
A medida que avanzaba, la silueta se volvía más nítida, revelando a una mujer de cabellos dorados. Estaba sentada, acariciando a un pequeño cachorro de lobo con un pelaje tan oscuro como el ónix, idéntico al de Eirik. La mujer alzó la vista y, al encontrar mi mirada, me regaló una so