Las mujeres allí se presentaron, todas eran brujas, obligadas a esconderse. Los lobos, les habían dado caza, buscando a la bruja que les pudiera dar el dichoso amuleto. La anciana se acercó a mí y tomó mis manos en las suyas ya arrugadas, luego me miró a los ojos.
— Debemos cuidarte, o todo a nuestro alrededor arderá — me dijo la anciana.
— Sé que soy el amuleto, ¿pero cómo se supone que ellos lo conseguirán? — le pregunté.
— Hace miles de años, una de nosotras se enamoró de uno de ellos. Él