Callie supo que se había equivocado antes de que nadie se lo dijera.
El palacio tenía su propia forma de expresar desagrado: una ausencia en lugar de un sonido. Las conversaciones cesaban a su paso. Las puertas se cerraban con más suavidad de lo habitual. Incluso los pasillos de piedra parecían alejarse de sus pasos, como si la distancia misma fuera una forma de juicio.
Su error había sido pequeño. Inconsecuente desde cualquier punto de vista racional.
Una copa colocada medio palmo más a la izq