Callie supo que había cometido un error en cuanto el aire cambió.
No fue nada obvio. Ningún cristal roto. Ninguna voz alzada. Ninguna orden ladrada desde el otro lado del pasillo. Fue más sutil que eso: la repentina opresión en el pecho, la forma en que el palacio pareció detenerse a su alrededor, como si contuviera la respiración.
Un guardia apareció a su lado sin previo aviso.
"El Rey solicita su presencia", dijo, con la mirada fija al frente.
No eran órdenes. No eran exigencias.
Solicitu