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Tres meses pasaron sin acceso a Senma mientras los Primeros la mantenían en la instalación médica orbital que Atem y Naia podían ver desde la Tierra con telescopios pero nunca tocar, y cada noche Naia lloraba mirando al cielo sabiendo que su hija estaba ahí arriba sin sus padres por primera vez en su corta vida.

El apartamento se había convertido en un mausoleo de objetos pequeños. Los juguetes de Senma permanecían exactamente don

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