Mundo ficciónIniciar sesiónEl templo de Hathor se alzaba al sur del palacio como una promesa de piedra, sus pilonos pintados con el ocre desgastado de generaciones de ofrendas y el humo de incienso que nunca terminaba de dispersarse. Neferet llegó al amanecer, cuando la luz todavía tenía esa calidad provisional de las cosas que no han decidido del todo su forma, y el aire olía a mirra quemada y al río que corría invisible más allá de las palmeras.
La visita







