El miedo cambió de forma.
Antes, el miedo era a morir.
A perder.
A fallar.
A que todo se derrumbara.
Ahora el miedo era otro.
Que nada volviera a derrumbarse nunca.
Que nada volviera a arder.
Que nada volviera a doler lo suficiente como para obligar al mundo a cambiar.
Risa no durmió esa noche.
Se quedó en el balcón viendo la ciudad hasta que las luces comenzaron a apagarse una por una.
La calma era real.
No era una ilusión.
La gente dormía tranquila.
Las calles estaban seguras.
Los conflictos