El cambio no empezó con un rey.
Ni con un ejército.
Ni con una decisión importante.
Empezó con una mujer… que tomó una mala decisión.
Y eso fue exactamente lo que llamó la atención de Risa.
La mujer no era especial.
No tenía poder.
No tenía influencia.
Era solo una comerciante del distrito medio, conocida por ser honesta y tranquila.
Esa mañana, sin embargo, hizo algo que no encajaba con el nuevo mundo.
Mintió.
No fue una gran mentira.
Solo cambió el peso de una mercancía para ganar más dinero.