El viento soplaba fuerte contra los muros de la academia, como si quisiera derribarla. Las noches de Risa habían cambiado desde aquel día en que sus ojos ardieron en rojo carmesí. Cada vez que cerraba los párpados, aparecía el mismo sueño: un bosque oscuro, cubierto de neblina, y en medio de él, un lobo gigantesco de mirada incandescente que la observaba en silencio.
No la atacaba. No la perseguía. Solo la miraba, inmóvil, como si esperara algo de ella. Y aunque despertaba con el corazón aceler