Observar era más difícil que luchar.
Noctara lo descubrió al segundo día.
No había enemigo al que enfrentar.
No había dirección hacia la cual correr.
No había golpe que pudiera lanzarse.
Solo… esperar.
Y para alguien como ella, eso era insoportable.
—Esto es absurdo —murmuró, caminando de un lado a otro en el balcón—. Hay algo ahí fuera y no hacemos nada.
—No está “ahí fuera” —corrigió Thallia sin levantar la vista de sus notas—. Está en todo.
—Eso no ayuda.
—Lo sé.
Rhaziel observaba la ciudad.