El eco de la reunión aún flotaba en los pasillos del castillo. Los guardias murmuraban con nerviosismo, los sirvientes evitaban cruzar miradas con los nobles, y cada rincón parecía cargado de una tensión invisible. Rhaziel había impuesto su voluntad, pero la semilla de la discordia no había muerto.
Esa noche, cuando la luna se alzó como una daga blanca sobre el cielo, varios miembros del consejo se reunieron en secreto en una sala olvidada de la torre norte. La estancia olía a humedad y polvo;