El día que ocurrió, no hubo alarma.
No hubo grietas en el cielo.
No hubo vibración estructural.
Simplemente… nada.
Risa fue la primera en notarlo.
El vínculo con el Rey —siempre presente, siempre profundo— estaba en silencio absoluto.
No dormido.
No distante.
Ausente.
Se detuvo en medio del pasillo.
Respiró.
Intentó llamar.
Nada.
No presión.
No conciencia compartida.
El espacio interior donde siempre había eco… estaba vacío.
Rhaziel apareció al final del corredor.
—¿Lo sentiste?
Ella asintió le