La impopularidad no explotó.
Se sedimentó.
En los mercados se discutía más bajo.
En las escuelas aparecieron preguntas más incómodas.
En los distritos, algunos líderes locales empezaron a probar límites que antes no habrían imaginado cruzar.
La descentralización ya no era teoría.
Era fricción real.
Esa mañana, Thallia llegó al salón del consejo con un pliego sellado.
—Solicitud formal de tres distritos —anunció—. Quieren derecho explícito a vetar decisiones del consejo central cuando afecten au