El regreso desde la Cámara no fue un desplazamiento.
Fue una expulsión suave.
Como si la realidad común los hubiera aceptado de nuevo con reservas.
El salón donde habían estado antes —piedra, columnas, antorchas— parecía ahora más pequeño. No físicamente, sino jerárquicamente. Después de un plano donde la verdad pesaba, el mundo ordinario se sentía… impreciso.
Risa apoyó una mano en su pecho.
El pulso compartido seguía allí. No dolía, pero tampoco era ligero. Era como llevar una corona invisibl