Me sentía completamente furiosa, mientras que el impulso de golpearlo sea hacía cada vez más grande.
—¡YA PARA! —le grité avergonzada.
Fabricio no dejaba de reírse, burlándose de mi pregunta anterior.
—¡Ay no puedo! —pronunció entre risas.
Tiré al suelo la copa de vino blanco que aún sostenía, me acerqué a él y le di una bofetada.
—¡Idiota! —espeté y me dirigí hacia la puerta.
Fabricio me detuvo antes de salir y me encerró contra ella en medio de sus brazos mientras apretaba su cuerpo contra el