Ulrich estaba acostado, sumido en un sueño inquieto, dominado por sueños perturbadores que se repetían sin cesar. En todos ellos, Phoenix lo abandonaba, lo traicionaba o, lo peor de todo, lo mataba cruelmente con una daga. Veía su sangre fluyendo de su cuerpo mientras sus ojos captaban el brillo frío y distante en la mirada de ella. El shock y el dolor de cada sueño lo asfixiaban, dejándolo vulnerable, como si su propia alma estuviera siendo destrozada. El olor del metal frío y la sangre se mez