Ulrich, con su típica expresión adusta, avanzaba con pasos firmes hacia el campo, sus guardias reales siguiéndolo de cerca. Phoenix, su fiel esclava, caminaba a su lado, observándolo con una mezcla de temor y curiosidad. Era un día claro y soleado en el Reino del Norte, pero la irritación de Ulrich flotaba en el aire como una tormenta a punto de estallar. Al llegar al campo, se encontraron con Finnian, el Rey de las Dos Islas, esperándolos. Ulrich miró a Finnian con expresión desconfiada.
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