CRYSTAL.
"Juré que nunca volvería aquí", susurré, la bruma helada aferrándose a mis pestañas como pequeños diamantes.
"Aquí morimos una vez", gimió mi loba interior, un extraño temblor de terror absoluto filtrándose en el santuario iluminado por las estrellas de mi mente. "Las raíces bebieron nuestra sangre. Los árboles recuerdan nuestros gritos".
"No somos la Oméga rota que sangró", le respondí a mi bestia, obligando a mi columna a enderezarse por completo contra el viento cortante. "Somos la