Era una noche oscura y fría. Traté de ignorar el miedo que sentía y seguí andando, pero cuando llegué a la piscina, me agarraron por los brazos desde atrás. "¡No! ¡Suéltame!", grité, intentando zafarme de las manos pegajosas que me inmovilizaban. "¡Ayúdenme!" Grité tan fuerte como pude, esperanzada de que alguien me escuchara... Entonces lo vi: Enrique corriendo hacia nosotros como si fuera un torbellino. Arremetió contra el hombre que me sujetaba y lo derribó al suelo con facilidad. El otro m