Cuando Enrique pasó la entrada y avanzó unos pasos, miró ligeramente a su lado y vio a Isabella. Lentamente, se detuvo, al darse cuenta de que ella parecía estar hablando con un hombre, al que sólo podía ver de espaldas. Sus cejas se fruncieron ligeramente, ya que nada en este hombre desconocido le resultaba familiar. Isabella apartó la mirada del hombre que tenía delante y la dirigió hacia él. Sus miradas se cruzaron y él vio cómo los ojos de ella se abrían ligeramente por un momento. Observó