—¿Ayudándote? — Repitió, todavía bastante divertido mientras volvía a dirigir sus ojos hacia ella.
—¿Quién dice que te estoy ayudando? Sólo intento evitar que alguien entre en mi casa con la excusa de que no tengo ayudante. He pensado que darle el trabajo a mi ayudante sería mejor que tener a un extraño, así que ¿qué me dices? ¿Aceptas mi oferta?
Isabella se quedó mirándole sin saber qué contestarle. Por un lado, necesitaba un lugar donde quedarse y la oferta le parecía tentadora, pero por otro