Mundo ficciónIniciar sesiónEl amor de un dios no es bendición; es cadena que te arrastra entre la adoración y el castigo sin poder distinguir cuál es cuál.
La marca en mi muñeca palpitaba con ritmo constante, recordándome cada segundo de mi nueva condición. No era dolor exactamente, sino algo más profundo: la sensación física de pertenecer a algo que había trascendido toda comprensión mortal. Los otros cuatro llevaban marcas idénticas, y cuando nuestras miradas se cruzaban durante las comidas obligatorias, reconocía en sus rostros el mismo horror resignado que debía reflejarse en el mío.
Cien metros, me recordé mientras caminaba por los pasillos del palacio hacia mis aposentos asignados. Había intentado medir la distancia exacta el primer día, contando pasos hasta que la marca comenzó a arder como hierro al rojo vivo. El mensaje había sido claro: mi m







