Matar a alguien dentro de ti no es asesinato sino suicidio parcial, porque el cadáver nunca se va; solo deja de pelear y empieza a pudrirse.
Las palabras del Rey resonaron en el silencio denso de la habitación como una sentencia de muerte dictada por un juez cansado. Sus ojos rojos carmesí me estudiaban con una intensidad que atravesaba la piel, buscando algún vestigio de la mujer que había conocido antes de que mi cuerpo se convirtiera en campo de batalla.
—Es la única manera, Adriana —insistió, su voz grave cargada de una certeza que me helaba la sangre—. Podemos matarla internamente. Cortar su conexión con tu consciencia de forma permanente.
¿Finalmente sola en mi cuerpo? El pensamiento surgió como un susurro desesperado en mi mente fragmentada. Durante días había soñado con este momento, había fantaseado con la posibilidad de recuperar mi autonomía corporal, de caminar sin sentir la presencia parasitaria de Ravenna corroyendo cada movimiento.
Selene se movió desde las sombras de l