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Decirle a tu esposo resucitado que sacrificaste a su hija para salvar a su hijo es confesar que el amor tiene contabilidad brutal.

Damián estaba sentado en el borde de la cama, sosteniendo a Kael contra su pecho con una delicadeza que contrastaba con la tensión de sus hombros. Sus ojos no habían dejado de estudiar el rostro del bebé desde que despertó, buscando respuestas en cada pequeño gesto, en cada respiración. Yo sabía que te

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