tres…dos…uno…
—Tengo que irme. —me levanté de la mesa.
—Pero sí, la estamos pasando bien.
—Tú te la estas pasando bien, a mí me has ignorado toda la noche.
—Dony.
—No soy Dony, soy Dorothy. Nos acabamos de conocer y ya olvidaste mi nombre.
—Soy muy malo con eso de recordar nombres. Pero un cuerpo no puedo olvidarlo y el tuyo se ve muy muy bueno.
Se acercó y me acorraló contra la pared.
—¡Muévete estúpido!
—No vas a dejarme con las ganas.
Lo empujé con todas mis fuerzas. Lo alejé por un