Mundo ficciónIniciar sesiónPOV: SIMON
Las puertas de la celda se abrieron con un chirrido largo y arrastrado que resonó por los pasillos húmedos. El óxido del hierro raspó en las bisagras, anunciando mi destino como una sentencia ya escrita.
Mis muñecas seguían atadas con grilletes de plata. Ardían. La carne marcada alrededor de los aros latía con cada movimiento mínimo. En los tobillos, las cadenas plateadas tintineaban pesadas, acompañando mi andar con sonidos metálicos irritantes, como si se burlaran de mí a cada paso lento y forzado.
El pasillo era estrecho, oscuro, con un fuerte olor a moho, sangre seca y dolor impregnado en las paredes. El suelo de piedra húmeda se pegaba a las suelas de mis pies; cada paso era un recordatorio del lugar al que estaba siendo arrastrado: los malditos calabozos de la Fortaleza Suprema.
Fui empujado por dos guerrero







