Asherad observó a Damián con atención.
—Si tienes alguna idea, lo intentaremos.
Damián permaneció unos segundos en silencio, con la mente trabajando con rapidez mientras sus ojos seguían cada movimiento de los guerreros que, con enorme esfuerzo, intentaban mantener a Dalila inmovilizada contra la nieve.
La escena era caótica; cada sacudida de ella parecía capaz de romper el control que apenas lograban sostener. Entonces, como si una posibilidad se abriera paso entre la desesperación, Damián vol