—Ten cuidado con eso —articuló Damián con preocupación—. Mejor devuélvemela.
—Quédate quieto —ordenó Nayla al notar que Damián intentaba recuperarla—. Solo la voy a usar un momento. No pienso robártela.
—Si alguien te ve con esa espada, podrían pensar que te la di yo. Y entonces el que podría terminar degollado sería yo.
—Nadie le haría nada al hijo de un Alfa. No te preocupes tanto.
Dicho eso, Nayla dio media vuelta y caminó hacia el entrenamiento, donde Gael continuaba instruyendo a los guard