Lonnie se sentó frente a ella y se abrochó el cinturón. —Como este vuelo fue de último momento, nos serviremos nosotros mismos una vez que el piloto nos dé el visto bueno—.
—Todavía no tengo hambre, pero una bebida me vendría bien.—
Él la miró preocupado. —Pareces preocupada, ¿tienes miedo de volar?—
—No. He estado en cientos de aviones. Pero temo a los lobos feroces... sí.
Lonnie tomó su mano y la besó. La soltó y suspiró. —¿Aún no confías en mí?
—Sí, pero no lo sé. Siento que me han arrancado