— ¿Qué es esto? — Exclamé, saltando de la cama mientras la casa temblaba por completo. Corrí hacia afuera y me encontré con Isadora arrodillada en el suelo, manos hundidas en la tierra, desencadenando temblores intensos. Sus ojos, antes claros, ahora estaban ennegrecidos, mientras Morgana y Sibila intentaban calmarla.
— La guerra es inevitable — pronunció Isadora con voz distorsionada y sombría. — Las sombras se ciernen sobre este mundo, cubriéndolo con su maldad. Nadie estará seguro. Hagan que