Ha llegado el día de partir a Sicilia.
La boda es en dos días, y hay mucho que preparar. Puedo sentir el ambiente festivo, mientras mis esperanzas mueren poco a poco.
—¿Sam? —cierro los ojos cuando Renzo entra a la habitación de avión privado.
—¿Si? —Murmuro de mala gana sin apartar la vista de mis libros.
Había corrido a la habitación a penas subimos al avión. Y pensé que estaría segura.
Como pasa últimamente, me equivoque.
—Esto no puede seguir así.
Lo miro de soslayo.
—Tú fuiste el que marco