CAPÍTULO 48

Caminando con elegancia, sin pestañear siquiera, pero burlándose del hombre en el suelo, que volvía a sujetarse el brazo izquierdo con la mano derecha y la respiración inestable, Camilla le siguió. El señor Milán hacía todo lo posible por arrastrarse por el suelo y alejarse de su nieta.

—¡Déjame... déjame... ir... déjame... ir...! Tú... ¡tú deberías haber muerto!—. El hombre repetía una y otra vez.

No había nada en el mundo que hiciera sufrir a Camila. Ni siquiera los comentarios de su abuelo
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alba aliciaMuy fácil lo perdonó.. creó que Diego se equivoco muy feo y con respecto ace me parece que no lo debe n tranforlo
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