Mundo de ficçãoIniciar sessãoLa cuenta regresiva parpadeaba implacablemente: 52:34.
Tamara estaba sentada en el piso de la biblioteca, con la espalda contra la estantería, mirando fijamente a la nada. Las palabras de Konstantin se repetían en bucle en su mente: “No son hijas. Son activos. Herramientas.”







