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El château ardía.

No metafóricamente. Literalmente ardía. Las explosiones de Mariela habían encendido tapices antiguos, muebles de madera centenaria, y ahora las llamas se extendían como organismo vivo, consumiendo veinte años de secretos junto con la estructura física que los había albergado.

Tamara, presionando su hombro herido con una mano mientras Damián la sostenía con la otra, miró hacia don

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