Capítulo sesenta y cinco
Un terrible error
*Enrico Falconi*
Camino hacia la celda a sabiendas de que Adriano me sigue detrás.
—¿Qué ha pasado? —pregunto una vez nos quedamos a solas.
—Tengo a mi gente trabajando en ello —responde con la misma rabia que yo—. Ese Juez ha sido comprado, pero la gracia le va a costar cara.
—No es el único —resoplo apretando el tabique de mi nariz con los dedos—. Tal vez debimos detener el circo cuando tuvimos oportunidad.
—¿Dudas ahora, Falconi? —me reta,