POV Gisel Donovan.
El dolor era familiar ahora. No el dolor agudo que había sentido cuando Fabiola le disparó en San Petersburgo. Ese dolor había sido intenso, urgente, imposible de ignorar. Este dolor era diferente. Sordo, persistente, un recordatorio constante cada vez que ponía peso en su pierna izquierda.
—Otra vez —ordenó Marcos, el fisioterapeuta, mientras Gisel completaba otra serie de estocadas—. Diez más. Puedes hacerlo.
—Puedo hacerlo —repitió Gisel a través de dientes apretados, forz