El timbre sonó a las tres en punto, como si todo estuviera cuidadosamente planeado.
Yo estaba en el sofá, piernas cruzadas, con una apariencia serena por fuera, pero por dentro… era un caos.
Bruno se levantó en silencio para recibir al abogado. El sonar de sus pasos me recordó que ya no había marcha atrás. Aunque todavía conservaba mi nombre, en unos instantes me lo quitarían sin compasión.
El abogado era un hombre de baja estatura, muy canoso, con unas gafas doradas que se deslizaban por su na