Sí, papá, tienes que cuidar tu salud. Si no, mamá y yo nos preocuparíamos por ti.
Ruhai miró a la madre y a la hija, cuyos rostros reflejaban preocupación. Luego se giró hacia Dalila, cuya expresión era fría y severa. —Por suerte, las tengo a las dos. A nadie más le importó. Debería haberlo sabido antes.
Hasta un perro es fiel a su dueño. ¡Pero una hija que crié desde pequeña ni siquiera sabe ser agradecida!
Malena se alegró mucho al oír eso. —Papá, no te enfades. Mi hermana también te quier