—Me recuerda a ti. Elegante y dulce. Hermosa. Grácil. Una poesía no expresada —confesé en voz alta.
Verónica observó cómo se movían mis labios y absorbió cada palabra. Los charcos de color avellana se suavizaron y ella parpadeó para ocultar sus lágrimas. Vi la mirada vidriosa en sus ojos.
Mierda.
Un gran peso se posó sobre mis pulmones y apreté mis manos a los costados.
—¿Los cisnes hacen realidad los sueños?—
Nunca le quité los ojos de encima. Sus palabras silenciosas eran una flecha que se cl