Era rítmico, un movimiento controlado en vertical, de arriba para abajo, una y otra vez.
Y entonces recordé que un hombre lobo se me había abalanzado con toda la intención de hacerme su nuevo juguete de mascar.
Intento levantarme de golpe por el miedo y entonces me siento ingrávido…nadie me avisó que estaba sobre el caballo.
— ¡Cuidado! — Ana gritó justo antes de que mi culo se impactara contra el suelo.
— ¡Mi trasero! —Fue mi turno de gritar.
Me quedé en posición fetal un rato esperando a